viernes, octubre 27, 2006

Hoy:

Una escritora de la cual conocemos quizás sólo el 2% de todo su trabajo, siempre fue muy crítica de su obra al punto de dejar de publicar muchos de sus escritos. Sólo se conocen de ella La Amortajada, La Última Niebla y algunos otros cuentos como El Árbol. Al revisar su archivo de referencia crítica en la Biblioteca Nacional me pregunté ¿Cuántos textos de quizá qué nivel de profundidad habrán quedado guardados en un cajón?
A continuación un poco de su vida en un retrato hablado:


María Luisa Bombal:
“El libro es apenas el vehículo del que se vale el sueño para dibujar el perfil de su presencia”

Nací en el paseo Monterrey, era precioso, lindo, todo cubierto de madreselvas, los señores se paseaban conversando y veíamos el mar y los barcos que pasaban. ¡Viña era una maravilla! Los niños íbamos a jugar todos los días a la playa como paseo de familia… El Neno Dittborn, Eugenio, era precioso. Una vez lo robamos con mis hermanitas y lo escondimos en nuestra casa porque hablaba tan lindo. Nosotras hacíamos castillos de arena y el Neno hablaba, los inauguraba, por eso lo adorábamos… El era más chico, debe haber tenido unos cinco años cuando lo robamos, pero lo increíble es que, ya adulto, todavía se acordaba… fue una época feliz…
Mi madre nos leía los cuentos de Andersen y Grimm, los traducía directamente del alemán. Mi padre murió cuando yo tenía nueve años, era su hija predilecta y mi tío decía que si al retrato de mi padre le sacábamos los bigotes, era igual a mí.

Partí a vivir a la Argentina en 1933 y partí a vivir a la casa de Pablo Neruda que estaba casado con Maruca; éramos muy amigas. Una mujer altísima y apacible. Él (Neruda) era cónsul de Chile. Vivíamos en un edificio de la calle Corrientes, que tenía una cocina preciosa, blanquísima, con una luz espléndida y una mesa muy cómoda. Con Pablo nos peleábamos la cocina para nuestros escritos. Con él fuimos amigos desde muy jóvenes, adolescentes, era muy amigo de mis hermanas también. Pablo no iba a ninguna parte sin mí y su mujer, pero ella se aburría tanto, fíjate que en las reuniones sociales pedía permiso y se recostaba. Pablo corría a taparla. Así que yo era la compañera de Pablo y así conocí todo el ambiente artístico, hasta el propio Matos Rodríguez. ¡Uy, las peleas que teníamos con Matos! Un día le dije que era un macró, cafiche quiere decir eso en francés, él muy sorprendido me preguntó “porqué” y yo le contesté porque vivía de la Cumparsita de la Che Papusa y de la muchacha del circo. “¡Pero por qué eres tan agresiva!”, me replicó. Fíjate que Matos me dijo un día: “Oh, ¡gran escritora! Hazme unas letras de tango ¡ah que no puedes!” Y yo, aceptando el desafío empecé a escribir: “Desándando lo andado, yo vuelvo al pasado” Y hasta ahí no más llegué, ¡no pude seguir!

Los escritores de mi grupo eran gente de gran talento, gente vital, no gente de lámpara y vaso de agua, como son los conferencistas. Los escritores ponemos lo mejor de nosotros en la obra, en nosotros queda sólo residuo. Tenemos que resignarnos a parecer menos que ella. Ahora, si bien yo puedo escribir, confieso que no sé hablar. Y ustedes van a darse cuenta. Sufro de pánico. Así pues ruego que me disculpen el que hable leyendo un escrito. Pido que hagan de cuenta que estoy leyendo una pintura. Después de todo si a los músicos se les permite ¿por qué no a mí?”

Fui siempre una cabra chica metida entre poetas mayores. Pero la mitad del mundo que conocí, sus gentes han desaparecido. Ay, están todos muertos. ¡Federico (García Lorca) era tan alegre! ¡Qué tiempos de juventud y locura! Formábamos un grupo en el que él era el más juguetón de todos. Quizá por eso no le temo a la muerte, tal vez temor del instante físico mismo. ¡Tengo muchos amigos allá para sentirme sola! Pienso, como Pablo, que la muerte no existe… Soy religiosa. Creo en una vida en el más allá, donde los seres que se han ido tienen influencia sobre los que permanecen en la tierra. Personalmente tengo más amigos entre los muertos que entre los vivos. La muerte me aterra, me da una curiosidad inmensa. Creo que lo peor sería descubrir que detrás de la muerte no hay nada. Sería tan terrible como que creer que todo termina con la muerte.


Después vino el matrimonio… “Fal (por Rafael de Saint Phalle) era fino, inteligente, sereno. Un gran filósofo y un gran místico. Un viejo macanudo, fuerte como un roble, un apoyo moral e intelectual. Y muy indulgente conmigo. Lo adoré durante los 27 años que estuve casada con él, hasta que murió. No me consuelo de haberlo perdido. Echo mucho de menos a mi marido. Mientras más avanza el tiempo más me duele, más se da cuenta uno que lo ha perdido. La vida me parece una cosa siniestra y material. A veces despierto en la noche y me pregunto: ¿estaré muerta y esto será el infierno? La vida me parece una pesadilla, me aplastan las transacciones. Vivo en la tristeza, todo me apena. Tal vez por eso ya no peleo con Dios. Perdí la partida con El y le pido piedad.

¿Quieres saber qué significa ser escritor? Una sola palabra: sufrir”

Creo que hay heridas definitivas en la vida. Nunca seremos completamente felices. Sólo hay pequeños momentos. Si fuéramos filósofos desde jóvenes, diríamos que no existe la felicidad y hay felicidades, que se dan una sola vez en la vida. Por ejemplo, si yo encontrara un hombre para mí hoy, nunca sería lo mismo que antes. La felicidad está en la convicción de que se ha perdido irremediablemente la felicidad. Entonces empezamos a movernos por la vida sin esperanzas ni miedos, capaces, por fin, de disfrutar todos los pequeños goces que son los perdurables… Ah, sí, el viento… Me encanta el viento. Como que pasa Dios. Como que pasa mi ángel. Es la idea de un cambio. Trae olores, trae cosas. Siento algo difícil de expresar, una presencia que dice: vamos, vamos, vamos. Es un soplo de alegría, de esperanza.

“Pasan los años. Me miro al espejo y me veo, definitivamente marcadas bajo los ojos esas pequeñas arrugas que sólo me afluían, antes, al reír. Mi seno está perdiendo su redondez y consistencia de fruto verde. La carne se me apega a los huesos y ya no parezco delgada, sino angulosa. Pero, ¡qué importa! ¡Qué importa que mi cuerpo se marchite, si conoció el amor! Y qué importa que pasen, los años todos iguales. Yo tuve una hermosa aventura, una vez… tan sólo con un recuerdo se puede soportar una larga vida de tedio.”


9 Comments:

At 8:17 p. m., Blogger Edge said...

Debo agradecer lo que haces para culturizarnos un poco más.

SalU2
T.

 
At 11:15 p. m., Blogger Doc said...

Me sumo a los agradecimientos de Edge, interesante el texto.

Besos, que estés bien

 
At 10:53 a. m., Blogger Jorge Andrés Gómez A. said...

Interesante tu blog...me gustó...
María Luisa Bombal...vi su rostro por primera vez en una muralla, en la Sociedad de Escritores en Simpson 7...
Saludos

 
At 10:31 p. m., Blogger Viddeara said...

Te encuentro la razón en eso que dices acerca de lo poco que conocemos de ciertos autores (sobre todo mujeres).
Chile no sale de los Nóbel...
Saludos!

 
At 1:15 a. m., Blogger Víctor Hugo said...

Hola. La desconocía y ahora no. Eso es bueno, porque nunca está demás saber algo más sobre una escritora. Antes tenía prejuicios con las mujeres literatas, no se por que, no era de machista ni nada. Hoy ya lo tengo más asumido y hasta he disfrutado de algunos textos escritos por féminas.
En fin, como dijeron por ahí, gracias por culturizarnos...
Saludos,

 
At 11:00 p. m., Blogger Edge said...

Estás por aquí?

SalU2
T.

 
At 6:45 a. m., Blogger Jorge Saavedra said...

Bonito ejercicio literario. Tuve la oprtunidad de leer uno sobre Enrique Lihn.

¡salu2 Cordiales!

 
At 4:22 p. m., Blogger Felipe said...

.....me parece pertinente tu difusión de maría luisa bombal ante la arremetida de una literatura facilista y mercantilista como la de isabel allende.....

 
At 4:00 p. m., Blogger Edge said...

No será mucha vacación?

SalU2
T.

 

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