domingo, agosto 20, 2006

Pieza, dulce pieza

Hoy ordené mi pieza. Quedó tan bonita, limpiecita, olorosa, armónica y renovada, que ahora sí que es un agrado entrar en ella. Me regalaron unos tulipanes amarillos en un macetero color verde, así que los puse sobre la cómoda, frente a mi cama para poder verlos todo el tiempo, ventilé y prendí un incienso.

Mi pieza era un asco, hedionda a caca y pipi de gato, era tanto el mal olor de esa caja de arena sanitaria saturada (porque no la cambiaba hacía ya más de un año) que todo el segundo piso de mi casa esta siendo invadido por el mal olor uff… Para colmo la cajita famosa estaba ubicada justo bajo la cómoda, cómo les explico el agrado que era buscar la ropa! La caja estaba tan hedionda que aunque no tenía nada de caca olía igual. Y el plumón de mi cama… lleno de pelos de gato, si hasta medio blanquizco se veía; acostarse era un estornudo y una sensación permanente de que hordas de pelos de gato vendrían a atacarme durante la noche alojándose en mi pulmón, que ya bastante tiene el pobre con los cigarros que me fumo al día (panorama nada alentador y muy desagradable). No había espacio dentro de mi pieza que no estuviese cubierto por ropa, papeles, cuadernos, bolsas con ropa nueva que aún no guardaba, diarios, de todo.

Boté un montón de cosas, sobre todo objetos cargados de malos recuerdos, de historias que es mejor olvidar, de falsedades, de toxicidad… eso es! Me deshice de un montón de cosas tóxicas, saqué la mierda de mi pieza en todo el amplio sentido de aquella palabra, no es que sea fanática de Feng-Shui o algo parecido, pero creo que nunca es bueno tener la pieza llena de mierda o con olor a mierda, es como tener una capa grosa de mierda en la vida y así… simplemente no se puede. También boté algunas cosas que, sin traerme clase alguna de recuerdos, ya no me interesaban, que ya no pegaban con el loock más “despejado” que quería dar a mi pieza. Y es que uno junta tanta cosa: “ay no… este detallito me lo regaló la prima, este otro la tía, esté mi hermana y esto otro lo hice yo misma”… el punto es que si las pones todas el ambiente se torna cacofónico, así que… a la cresta!!! SORRY!!! No es que no valore a la prima, la hermana, la tía o mis propias manualidades pero hay que aceptar que todas las cosas tienen un tiempo y cuando éste pasa ya ni el polvo se les puede quitar, se les adhiere con los años (aunque sacudas una vez a la semana). No entiendo cuál es afán de las personas y, principalmente de mí, de juntar tanto cachureo, tanta boleta, les juro que boté un kilo de boletas, claro que las papeletas de las cuentas, tanto del celular como de las casas comerciales, no las pude botar porque “¿y si después me quieren cobrar algo que yo ya pagué? No, mejor me aseguro y la guardo, además que tienen todos mis datos y me pueden estafar” Quién te va a querer estafar vo que no tenis ni donde caerte muerta!!...Esa es una de las tantas manías que heredé de mi vieja, son esa clase de lecciones de la vida que en verdad no las crees, pero como se les acopla es “por si acaso” se transforman casi en una especie de superstición. Igual que las tarjetas de crédito viejas o las direcciones que vienen en los sobres de las cartas que llegan a la casa, las corto como en mil pedazos “para que ningún mal intencionado vaya a cachar donde vivo”. Es súper loco todo este manojo de manías que en el fondo incentivan el cachureismo con frases como “no te da pena botarlo” Noooooo piedad!!! Pasa lo mismo con la ropa que ya no usas “ay no, no puedo deshacerme de esa polera, me la compró mi papá cuando cumplí 12” y resulta que tienes 22, no será como mucho. De hecho, para ser más exacta con los recuerdos y con los ejemplos, cuando yo era chica me encantaban las Barbies y una vez me dieron plata y me compre un par de revistas de Barbie con historietas, recetas y toda clase de artículos huevones para instalarte bien en “tu rol de niña mujer”. Tenía como 7 u 8 años. Terminé de leer las revistas (por cierto que las vi muchas veces) y las guardé en el cajón de mi velador… siguen ahí, sobrevivieron a este último orden que hice en mi pieza, pero la pensé, casi las boto, casi las destierro del velador en el que han vivido durante 15 años… ¡pero no fui capaz, fueron mi infancia, así que seguirán ahí por otros 15 años más! Junto a un libro con preciosas ilustraciones de cómo Dios creó al mundo que mi mamá le compró a una señora Testigo de Jehová, la Sra. Olguita, que muchas veces vino en las mañanas a hacerme clases de religión, sólo que yo nunca he sido de religiones. Pero en fin, fue una experiencia interesante. No todo tiene un tiempo en esta vida, a algunas cosas, ni el polvo las toca.