domingo, marzo 26, 2006

La Pregunta Por la Técnica
Un ángulo desde el cual mirar hacia el sentido del ser

“El preguntar abre un camino. El camino es un camino del pensar. Preguntamos por la técnica y con ello quisiéramos preparar una relación libre con ella. Libre es la relación cuando abre nuestro ser-ahí [Dasein] a la esencia de la técnica. (...) La técnica no es igual a la esencia de la técnica. (...) Más duramente estamos entregados a la técnica cuando la consideramos como a algo natural; pues esta aceptación, que tiene hoy día gran aceptación, nos vuelve completamente ciegos a la esencia de la técnica.” (Martin Heidegger, La Pregunta por la Técnica, conferencia de 1953 pronunciada en la Academia Bávara de las Bellas Artes, publicada en Vörtrage und Aufsätz, pág. 2)


En el texto que subí la vez anterior, dejé enunciado que para responder a la pregunta por el sentido del ser, Heidegger sostiene la importancia de pensar al Dasein dentro del mundo en el cual vive, pero en relación con la época en la que este mundo se inserta. Toda época se encuentra regida por una matriz de sentido, por un paradigma que proporciona pautas de conducta y un modo en el cual se hacen las cosas. Lo importante aquí de preguntar, es que al preguntar podemos ir desentrañando el origen de los preceptos que gobiernan nuestra época y los alcances que estos tienen en ámbitos que, de no ser interrogados, no serían conocidos. Al descubrir el origen, también se manifiesta antes nuestros ojos, la idea de que esta matriz de sentido va variando conforme pasa el tiempo, sea para ampliarse a sí misma introduciendo nuevos elementos, sea para cambiar por completo, lo que se transforma entonces en la mayor prueba de que actuar bajo dicha matriz no es la única alternativa, puesto que se trata de una construcción humana cuyo fondo y forma fue forjado de manera coyuntural y que, por lo mismo, pudo haber sido distinto. No se trata de caer ahora en la vaga creencia de que las cosas ocurren por capricho del azar, sino que al ser una construcción humana, dista de ser un absoluto irrefutable.
Por tanto, el Dasein interrogará la época en la cual se haya inserto con la finalidad de conocer y ampliar sus propios límites en esta búsqueda por su modo más propio y auténtico de ser en el mundo. Ahora se preguntarán ¿qué tiene que ver la técnica con todo esto? Heidegger afirma que vivimos en la era de la técnica puesto que el vivir mismo se encuentra mediatizado por el aparataje que ésta promueve: los electrodomésticos, la electricidad misma, la producción en serie de toda clase de artículos; inclusive el arte y la cultura de un lugar, a tal punto que ya no nos es posible concebir la vida sin ellos. Al mismo tiempo, fruto de que están ahí, al alcance de nuestra mano, nuestra capacidad de pensar y asombrarnos frente a la vida cotidiana se adormece peligrosamente, donde el pensar reflexivo es cambiado por un pensar calculador que “corre de una suerte a la siguiente, sin detenerse nunca ni pararse a meditar.”[1] Esta es la huida del pensar y entender la época en la cual se vive, indica que la razón de esta huida no es más que la exigencia de una época que pasa tan de prisa, que sólo da tiempo para hacer los cálculos necesarios para pasar de la mejor manera a la siguiente suerte, olvidando el sentido que nos mueve, o si realmente existe un sentido moviendo nuestros actos.

Por último, como muestra de cuánto nos aleja la era de la técnica del verdadero sentido de la cosas, he de recordar lo que Heidegger expresa respecto de la esencia de la técnica y es que ésta no es algo técnico, en el modo en que hoy lo conocemos, sino que guarda relación con el hacer de los artesanos y por ende, con la idiosincrasia de un lugar, con su cultura.

[1] (Martin Heidegger, Serenidad pág. 18)

martes, marzo 21, 2006

“La existencia es decidida en cada caso tan sólo por el Dasein mismo, sea tomándola entre manos, sea dejándola perderse. La cuestión de la existencia ha de ser resuelta siempre tan sólo por medio del existir mismo.”

Ser y Tiempo, Martin Heidegger.

El Dasein es aquella criatura cuya misión en la vida,- (en esa línea de tiempo finita, que transcurre sólo en este mundo y en este tiempo y que llamamos vida)-, es construirse a sí mismo. Sin embargo, a diferencia del ser de otro entes que están determinados a ser lo que son; como los objetos inanimados; las plantas o los animales, el Dasein tiene que encontrar cuál es su forma de ser más propia en este mundo. Una forma de ser única e intransferible, indeterminada, libre y a la vez cautiva de su constante poder de decisión, preso de ser el responsable de su propio destino y de lo que es en este mundo.

Suena familiar… y es que el Dasein somos nosotros, o bien el Dasein es el ser de nuestro ente el cual debe interrogar todo el tiempo por su propio sentido, puesto que Dasein significa ser en el mundo, y en ello, finalmente, consiste el pensar; en preguntarse por el sentido de lo que nos rodea, para qué están esos entes ahí, es la función que cumplen, la que realmente les corresponde… y de ahí inevitablemente cae sobre nuestros hombros la pregunta ¿cuál es el sentido del ser de mi ente? De la respuesta que se obtenga dependerá el éxito o fracaso de nuestra misión, si acertamos habremos vivido una vida plena, en conciencia de nosotros mismos, por otro lado, si huimos de esta pregunta, si huimos del pensar, habremos pasado la vida dentro de una caverna sin ver nuestro verdadero rostro jamás. A este respecto Heidegger da algunas luces y enuncia que para conocer la respuesta a la pregunta por el sentido del ser, es preciso preguntar por el sentido del paradigma que gobierna el espacio de tiempo en el cual se desenvuelve el Dasein; esto porque el Dasein es el ser de un ente finito, que sólo tiene un tiempo para ser… el de la existencia.

Quedémonos con eso por el momento…
Hasta la próxima.