domingo, diciembre 31, 2006


Good Bye 2006!!



Partiré diciendo que odio el año nuevo. Esa obligación de ser cool y tener el mejor carrete del universo, esa carrera infame por no ser un looser que se queda en su casa viendo algún canal de cable o, peor aún… La TV abierta. Por cierto, a pesar de que el destino de mi última noche 2006 y primera de 2007 es incierto, saldré, beberé con mesura, pero fingiré estar en la más groovy de las ondas puesto que la sociedad así lo requiere y, honestamente, quién soy yo para ir en contra de la corriente… Sin embargo, no porque me deje mecer por los vaivenes costumbristas que dirigen nuestras vidas dejaré de preguntarme por qué CHUCHA tenemos que celebrar, por qué tenemos renovar las esperanzas ¿es que a caso durante todo el año están perdidas? Para mí no, y por eso no entiendo qué tiene de especial esta noche, si la oportunidad de empezar de nuevo y ser una persona la raja se da todos los días, o por lo menos todos los Lunes “el lunes empiezo la dieta”; “el lunes parto en el GYM”; “el lunes dejo de fumar” etc, etc, etc… Por qué hay que esperar todo un año para sentir que la vida es distinta. Por qué hay que celebrar el año nuevo… de verdad… Me agobia esta costumbre, igual que el 18 de septiembre y mi cumpleaños, son cosas que me apesta celebrar porque no las entiendo y al no entenderlas pierdo el vínculo con la gente y me siento una extraña.


Pero bueno, dejando de lado las extrañezas, debo decir que agradezco este año que, a pesar de lo movido que fue, me dio muy buenos frutos en lo profesional y laboral. Recién egresé y ya tengo un año de experiencia en mi carrera, trabajando en un lugar realmente muy bueno que me ha hecho crecer demasiado, no sin dificultades, pero finalmente vencí.


Adios!

viernes, octubre 27, 2006

Hoy:

Una escritora de la cual conocemos quizás sólo el 2% de todo su trabajo, siempre fue muy crítica de su obra al punto de dejar de publicar muchos de sus escritos. Sólo se conocen de ella La Amortajada, La Última Niebla y algunos otros cuentos como El Árbol. Al revisar su archivo de referencia crítica en la Biblioteca Nacional me pregunté ¿Cuántos textos de quizá qué nivel de profundidad habrán quedado guardados en un cajón?
A continuación un poco de su vida en un retrato hablado:


María Luisa Bombal:
“El libro es apenas el vehículo del que se vale el sueño para dibujar el perfil de su presencia”

Nací en el paseo Monterrey, era precioso, lindo, todo cubierto de madreselvas, los señores se paseaban conversando y veíamos el mar y los barcos que pasaban. ¡Viña era una maravilla! Los niños íbamos a jugar todos los días a la playa como paseo de familia… El Neno Dittborn, Eugenio, era precioso. Una vez lo robamos con mis hermanitas y lo escondimos en nuestra casa porque hablaba tan lindo. Nosotras hacíamos castillos de arena y el Neno hablaba, los inauguraba, por eso lo adorábamos… El era más chico, debe haber tenido unos cinco años cuando lo robamos, pero lo increíble es que, ya adulto, todavía se acordaba… fue una época feliz…
Mi madre nos leía los cuentos de Andersen y Grimm, los traducía directamente del alemán. Mi padre murió cuando yo tenía nueve años, era su hija predilecta y mi tío decía que si al retrato de mi padre le sacábamos los bigotes, era igual a mí.

Partí a vivir a la Argentina en 1933 y partí a vivir a la casa de Pablo Neruda que estaba casado con Maruca; éramos muy amigas. Una mujer altísima y apacible. Él (Neruda) era cónsul de Chile. Vivíamos en un edificio de la calle Corrientes, que tenía una cocina preciosa, blanquísima, con una luz espléndida y una mesa muy cómoda. Con Pablo nos peleábamos la cocina para nuestros escritos. Con él fuimos amigos desde muy jóvenes, adolescentes, era muy amigo de mis hermanas también. Pablo no iba a ninguna parte sin mí y su mujer, pero ella se aburría tanto, fíjate que en las reuniones sociales pedía permiso y se recostaba. Pablo corría a taparla. Así que yo era la compañera de Pablo y así conocí todo el ambiente artístico, hasta el propio Matos Rodríguez. ¡Uy, las peleas que teníamos con Matos! Un día le dije que era un macró, cafiche quiere decir eso en francés, él muy sorprendido me preguntó “porqué” y yo le contesté porque vivía de la Cumparsita de la Che Papusa y de la muchacha del circo. “¡Pero por qué eres tan agresiva!”, me replicó. Fíjate que Matos me dijo un día: “Oh, ¡gran escritora! Hazme unas letras de tango ¡ah que no puedes!” Y yo, aceptando el desafío empecé a escribir: “Desándando lo andado, yo vuelvo al pasado” Y hasta ahí no más llegué, ¡no pude seguir!

Los escritores de mi grupo eran gente de gran talento, gente vital, no gente de lámpara y vaso de agua, como son los conferencistas. Los escritores ponemos lo mejor de nosotros en la obra, en nosotros queda sólo residuo. Tenemos que resignarnos a parecer menos que ella. Ahora, si bien yo puedo escribir, confieso que no sé hablar. Y ustedes van a darse cuenta. Sufro de pánico. Así pues ruego que me disculpen el que hable leyendo un escrito. Pido que hagan de cuenta que estoy leyendo una pintura. Después de todo si a los músicos se les permite ¿por qué no a mí?”

Fui siempre una cabra chica metida entre poetas mayores. Pero la mitad del mundo que conocí, sus gentes han desaparecido. Ay, están todos muertos. ¡Federico (García Lorca) era tan alegre! ¡Qué tiempos de juventud y locura! Formábamos un grupo en el que él era el más juguetón de todos. Quizá por eso no le temo a la muerte, tal vez temor del instante físico mismo. ¡Tengo muchos amigos allá para sentirme sola! Pienso, como Pablo, que la muerte no existe… Soy religiosa. Creo en una vida en el más allá, donde los seres que se han ido tienen influencia sobre los que permanecen en la tierra. Personalmente tengo más amigos entre los muertos que entre los vivos. La muerte me aterra, me da una curiosidad inmensa. Creo que lo peor sería descubrir que detrás de la muerte no hay nada. Sería tan terrible como que creer que todo termina con la muerte.


Después vino el matrimonio… “Fal (por Rafael de Saint Phalle) era fino, inteligente, sereno. Un gran filósofo y un gran místico. Un viejo macanudo, fuerte como un roble, un apoyo moral e intelectual. Y muy indulgente conmigo. Lo adoré durante los 27 años que estuve casada con él, hasta que murió. No me consuelo de haberlo perdido. Echo mucho de menos a mi marido. Mientras más avanza el tiempo más me duele, más se da cuenta uno que lo ha perdido. La vida me parece una cosa siniestra y material. A veces despierto en la noche y me pregunto: ¿estaré muerta y esto será el infierno? La vida me parece una pesadilla, me aplastan las transacciones. Vivo en la tristeza, todo me apena. Tal vez por eso ya no peleo con Dios. Perdí la partida con El y le pido piedad.

¿Quieres saber qué significa ser escritor? Una sola palabra: sufrir”

Creo que hay heridas definitivas en la vida. Nunca seremos completamente felices. Sólo hay pequeños momentos. Si fuéramos filósofos desde jóvenes, diríamos que no existe la felicidad y hay felicidades, que se dan una sola vez en la vida. Por ejemplo, si yo encontrara un hombre para mí hoy, nunca sería lo mismo que antes. La felicidad está en la convicción de que se ha perdido irremediablemente la felicidad. Entonces empezamos a movernos por la vida sin esperanzas ni miedos, capaces, por fin, de disfrutar todos los pequeños goces que son los perdurables… Ah, sí, el viento… Me encanta el viento. Como que pasa Dios. Como que pasa mi ángel. Es la idea de un cambio. Trae olores, trae cosas. Siento algo difícil de expresar, una presencia que dice: vamos, vamos, vamos. Es un soplo de alegría, de esperanza.

“Pasan los años. Me miro al espejo y me veo, definitivamente marcadas bajo los ojos esas pequeñas arrugas que sólo me afluían, antes, al reír. Mi seno está perdiendo su redondez y consistencia de fruto verde. La carne se me apega a los huesos y ya no parezco delgada, sino angulosa. Pero, ¡qué importa! ¡Qué importa que mi cuerpo se marchite, si conoció el amor! Y qué importa que pasen, los años todos iguales. Yo tuve una hermosa aventura, una vez… tan sólo con un recuerdo se puede soportar una larga vida de tedio.”


jueves, octubre 19, 2006

Experiencia mediada:
expresión de una ruptura entre tiempo y espacio

En la actualidad, la evolución de las Tecnologías Informáticas de la Comunicación (TICs) proponen un mundo o, más bien, posibilitan un mundo en el cual el ser humano logra, en cierta medida desprenderse de su “presencia física”. Puede entenderse hoy la existencia de una presencia de orden intelectual que, si bien es movilizada por los atributos físicos del ser humano, no es ya limitado por estos. De este modo, nos es posible manifestar nuestra presencia en varios lugares de forma simultánea, en tiempo real y a escala planetaria y su plataforma es Internet. Un icono de la modernidad, desde el cual podemos ver el mundo, por medio de la prensa electrónica, podemos comunicarnos con el mundo a través del correo y la mensajería electrónicos y mientras hacemos todo aquello podemos entrar en el portal “electrónico” del Servicio de Impuestos Internos y emitir una boleta, electrónica, legalizada por leyes que hoy acreditan este tipo de documentos como si fuesen de papel, incluso podríamos estar al mismo tiempo participando de una licitación para ofrecer nuestros servicios a los organismos públicos, sin tener que ir al organismo en cuestión, a través del portal de Chilecompra. Menciono estos ejemplos con el afán de ejemplificar cómo la modernidad y sus instrumentos, las TICs, penetran no sólo a la sociedad a través de sus individuos sino que se institucionaliza sugiriendo nuevas formas de interrelación del sujeto hacia la sociedad, del sujeto hacia el Gobierno y de éste hacia los ciudadanos. Lo que no es menor ya que nos encontramos ante un proyecto que busca renovar la democracia, generando una mayor participación ciudadana (en el mediano plazo) mediante la única plataforma que podría hacerlo posible: Internet. Esto es el rasgo constitutivo de la Modernidad, hago esta sentencia puesto que más allá de cualquier antecedente o implicancia íntimamente arraigada en el nuevo modo en que como colectividad nos comportamos, este es el rasgo que como sociedad vivenciamos de manera más notoria.
En este contexto, globalización (entendida como proceso de orden tecnológico) y modernidad, vista desde la óptica de la proliferación e institucionalización de este orden tecnológico, surgen como conceptos tan estrechamente ligados que parecen indisociables el uno del otro. Ejemplo de ello es la transformación que ha sufrido la prensa que, gracias al desarrollo progresivo y constante de la tecnología (imprenta, telégrafo, teléfono, Internet), integra de manera indiscriminada y sólo en cuanto a información, las fronteras que delimitan el mundo, que sitúan a los países en un espacio geográfico que dota a los seres humanos que las habitan, de algunas características étnicas, culturales, religiosas y políticas y, yendo a lo particular, unos individuos que han vivido determinados hechos, que han sido partícipes de determinados procesos históricos y que han sido testigos (en estricto sentido de la palabra) de algunas cosas y no de otras. Pues bien, hoy la prensa, no por ella misma, sino por las exigencias de la época que vivimos, descontextualiza lo anteriormente descrito. Saca al individuo de su campo de experiencia, de vivencias para mostrarle otras, acontecidas lejos de su tierra natal o quizá cerca, pero no lo suficientemente cerca como para que las aprehendiera por sí mismo. De tal forma que el campo de experiencia se universaliza y todos los individuos del planeta podemos hacer una referencia a las hambrunas que vive o ha vivido África, a cómo la muerte azota Medio Oriente o al flagelo de la droga y el crimen organizado en Colombia. Lo que quizá, no sea malo, no obstante, esta mediación de la experiencia que se reproduce en la Modernidad, en cierta medida nos desarraiga de los hechos y tradiciones locales, desvía nuestra mirada de la identidad colectiva, que cada vez es más débil, hacia lo internacional y global, al tiempo que naturaliza lo antinatural como lo es el crimen, el hambre fruto de malas y corruptas gestiones políticas, y el genocidio. Por qué, porque lo vemos, lo oímos y lo leemos diariamente y ya no nos impresiona “es la vida”, “es lo que hay”, “siempre ocurre”.
En consecuencia, nos encontramos ante una explosión de la información que naturaliza toda experiencia al punto de echar por tierra toda capacidad de asombro, toda novedad frente a la realidad y por ende, se disipa nuestra capacidad de apropiación de lo que nos rodea, produciendo se el desarraigo y el debilitamiento de cualquier vaga noción de identidad, tanto colectiva como personal.

sábado, septiembre 23, 2006

La Modernidad y su extremo dinamismo

Vivimos en un mundo que ostenta, en apariencia, una cotidianidad común y corriente. Hemos naturalizado los cambios que nuestra sociedad experimenta continuamente de modo que pasan desapercibidos ante nuestra mirada la mayor parte del tiempo.

Nos encontramos insertos en un orden postradicional dentro del cual nuestro día tiene efectivamente 24 hrs. Disponer de estas 24 horas es un elemento no menor ya que nos transformamos en administradores de nuestro tiempo, podemos organizarlo de modo de tener “tiempo para todo”. Para ir a la universidad, para el trabajo (con todo el universo de actividades que ello implica). Tiempo para consumir comunicación, para enterarnos del estereotipo de ser humano considerado exitoso dentro de esta sociedad, de lo que deriva el tiempo para consumir aquellos accesorios que nos transforman en el estereotipo deseado; tiempo para uno mismo en la ultima media hora del día que acabamos de vivir y luego dormir… 4 ó 5 horas y comenzar otro día, otra vez ¿Despertamos en algún momento? ¿Es real todo aquello que estamos viviendo? ¿O no es más que sueño loco y disparatado?

¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Por qué somos quienes somos? ¿Es una decisión propia y conciente? Vuelvo a la idea de que nuestra sociedad, nuestro mundo vive profundos cambios que van a velocidades que no podemos alcanzar, vamos atrás de estos cambios, persiguiéndolos para estar al día y al mismo tiempo sabiendo que la carrera nunca termina pues éstos se reproducen de manera continua. Vivir dentro de este sistema implica inevitablemente, momentos de la existencia en que la conexión con nosotros mismos se pierde, se diluye en el vaivén de las horas y los plazos finales. El yo es el principal piso desde el cual nos paramos a enfrentar, entender y friccionarnos con el mundo. Si éste está ausente, momentánea o permanente perdido, el mundo escapa de nuestro control, de nuestra capacidad de entendimiento desde una entidad que podamos considerar propia y claramente nos parece que está desbocado. Y esta es la principal problemática de la modernidad: su dinamismo incesante mueve nuestro piso constantemente, afectando de manera decisiva nuestras conexiones esenciales desde las cueles somos capaces de sobreponernos, manteniendo las características que nos constituyen como ser, al afán de una época que, si bien es cierto se piensa a sí misma, realiza este ejercicio por medio de situaciones de crisis, las que tienen un carácter permanente.

La rapidez con que el mundo avanza nos impide comprender su destino, mejor dicho calcular sus futuros peligros y oportunidades. En economía se llama planificación flexible a aquella que no se proyecta más allá de un año, planificándose de esta manera puede enfrentar mejor las variables del mercado, incorporar nueva tecnología y personal especializado si es necesario, y las rentabilidades finales no se ven afectadas en gran medida, porque tales variables estaban en cierta medida presupuestadas en este plan de negocios flexible. Dentro del modo en que la modernidad se reproduce a sí misma los individuos calculan sus posibilidades más o menos de esta forma, previendo que algo, en este mundo impredecible, puede fallar o no ocurrir como se había esperado que ocurriera.

Calcular posibilidades y riesgos intentando establecer un equilibrio entre ellos, desde la perspectiva de que “si algo sale mal por acá, lo intento por allá” es ana actividad que el hombre ha aprendido a manejar con el tiempo. Y es que este mundo desbocado e inestable permite, contradictoriamente todas o sólo esta, posibilidad de accionar. Lo que si es claro es que difícilmente poseemos la capacidad de vislumbrar el rumbo que tomará la sociedad en la que vivimos y de esta forma parece aún más difícil que el “yo” logre constituirse en una matriz de sentido que le sea propia y constante en su presencia y no que se esté ocultando constantemente ante el desarraigo que provocan, en los seres humanos, el dinamismo con que el entorno de la sociedad evoluciona.

domingo, septiembre 10, 2006


Inventor de la voz y de su oyente y de sí mismo. Inventor de sí mismo para hacerse compañía. Déjalo estar. Habla de sí mismo como de otro. Dice hablando de sí mismo: "Habla de sí mismo como de otro."Se imagina a sí mismo para hacerse compañía. Déjalo estar. La confusión es compañía hasta cierto punto. La esperanza diferida es mejor que nada. Hasta cierto punto. Hasta que el corazón empienza a enfermar. Un corazón enfermo es mejor que nada. Hasta que empieza a partirse. Conque hablando de sí mismo, concluye de momento: "De momento déjalo estar."


Compañía, Samuel Beckett
Son trozos de la memoria de un hombre que aún no descubro si está vivo o muerto, el texto entero me ha recordado a La Amortajada de María Luisa Bombal. Al margen de ello, lo cierto es que las emociones vertidas me hicieron sentido, catarquicamente.

jueves, agosto 31, 2006


Hoy
Hoy iba para la universidad en el metro, atrasada para variar, el viaje pasaba sin mucha novedad, lo único fuera de lo común es que el tren estaba extremadamente lleno y lento, para mi pasaba mucho tiempo, muchas estaciones, no obstante miraba hacia fuera y estábamos recién en El Golf.
En Baquedano se subió una pareja, joven… ella estaba triste, a ratos lloraba y él la abrazó y la consoló con tanta ternura y contención, que entonces pensé… mucho antes de aquel momento, años antes quizás, estas dos personas eran sólo un par de desconocidos más en la ciudad ¿Por qué ahora son capaces de amarse? ¿Por qué ocurre así? ¿Por qué la gente se ama? ¿Por qué no es de otra forma? ¿Por qué pueden amarse? ¿Qué hace que las personas se amen?
Yo sé que es natural, que ocurre todo el tiempo, pero no es que realmente sea así, nos “parece” que es así, lo hemos naturalizado y junto con ello ha dejado de asombrarnos que dicha magia se produzca.
En el fonfo, por qué es y no, más bien, no es.

viernes, agosto 25, 2006



Imbeciles en la Ciudad

Hoy sólo alegaré contra la pila de imbéciles que circulan libremente por esta ciudad.
  • Cuando uno quiere cruzar la calle y viene bajando un imbecil en su auto y tu esperas a que pase, ahí parada en la esquina y el imbecil dobla. Porqué coño no señalizó... porque es un imbecil. (Casi siembre son hombres)
  • La persona que va caminando adelante tuyo, no necesariamente muy lento, pero estás apurada y la quieres adelantar y como que esa persona justo se mueve para el lado por el cual la vas a adelantar, y luego para el otro y como que no sabe para dónde cresta va y menea para lado y lado tapándote el paso. Y ¿por qué no sabe para donde cresta va? Porque es un(a) imbecil.
  • La tropa de imbéciles que se ubican frente a la puerta del metro cuando este llega y se detiene junto al andén ¿cómo pretenden que baje la otra tropa de imbéciles (que por cierto bajan muy lento) del tren? Y no se mueven de donde están... porque son imbéciles.
  • Hay veces en que ocurre que la tropa de imbéciles que viene arriba del metro tiene todo el espacio para bajarse de forma fluida y RÁPIDA, pero no. Le piden permiso a un pie para mover el otro y cuando por fin logras subirte al tren, todos los asientos están ocupados... ODIO a los IMBÉCILES.

Por favor estimados, tengan un poco más de tino cuando transiten por la vía pública, no sean tan imbéciles. No hay cosa que me ponga de más mal humor que verme perjudicada por la imbecilidad de otro y estoy segura de que no soy la única.